El futuro del Estado-nación en la transición a la sociedad global (6 - Conclusiones)

El futuro del Estado-nación en la transición a la sociedad global (6 - Conclusiones)

El futuro del Estado-nación en la transición a la sociedad global
Daniel García Delgado

Daniel García Delgado es investigador de FLACSO (Argentina). Director área Estado y Políticas Públicas.
Trabajo presentado en el Seminario "El Estado latinoamericano contemporáneo" realizado en el Parlamento Latinoamericano, San Pablo, entre el 5 y 8 de Agosto de 1999.

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3.6 Conclusiones

Brevemente, expondré algunas de las conclusiones de lo visto sobre el futuro del Estado-nación en la transición a la sociedad globalizada:

i) Primero, en este tránsito del Estado-nación a la sociedad global es necesario distinguir la globalización como proceso y la globalización como ideología. Donde la globalización se presenta en este segundo registro como un "único camino" pleno de oportunidades, como inevitable curso de acción en términos de apertura, flexibilización del mercado de trabajo, trasnacionalización y concentración económica, y en una racionalización de "aldea global" pletórica de oportunidades de crecimiento e inserción, pero que oculta profundas asimetrías entre sociedades desarrolladas y en desarrollo así como racionaliza intereses de determinados actores. De allí la necesidad de generar masa crítica endógena, capacidad estratégica y fijar alternativas propias de inserción en la globalización.

ii) Segundo, en el Estado-nación la polis de la modernidad está cuestionada (pérdida de autonomía decisional, vulnerabilidad económica externa, fragmentación social) por un sistema de economía global y de actores trasnacionales. Pero esto no significa su eliminación o fin, sino que presupone su replanteo en términos de redefinición del Estado central, ampliación de las funciones de lo local y comienzo del nivel supranacional o de un futuro Estado regional. Luego de la crisis del Estado de Bienestar, de la primera etapa reformista de corte neoliberal minimalista de sus funciones y roles, hay tendencias y cierto consenso para avanzar en dirección a una segunda etapa más equilibrada en la relación Estado, mercado y sociedad, en términos de "recuperación" y "reconstrucción" del Estado. Y esto va a presuponer un papel más activo en lo económico al asumido en la etapa anterior; asimismo, ayudará a redefinir el rol del Estado en términos de recuperar la regulación de los servicios públicos privatizados, propendiendo a una distribución más equitativa del ingreso y a fijar un rumbo estratégico más consensuado.

iii) Tercero, la continuidad del proceso reformista parecería no tener un sólo escenario. Puede presentar variaciones significativas y está fuertemente tensionado por la crisis recesiva y por las opciones políticas y de relacionamiento internacional de los distintos gobiernos, Dentro de las estrategias que presentamos aparece una como predominante y en mayor continuidad con la etapa anterior:

a) El escenario más probable es el que presenta reformas de segunda generación con énfasis en lo institucional (más como transparencia, competencia, y corrupción política, en los servicios públicos, con autonomía de las políticas de las agencias de regulación), pero con más ajuste, reducción del Estado, flexibilización de la fuerza laboral, y "profundización del modelo" en niveles subnacionales, y contención en lo social. Pero esta estrategia enfrenta riesgos de ampliación de las fracturas sociales, de vulnerabilidad interna, además de problemas de gobernabilidad.

b) Existen elementos para una orientación reformista alternativa, que supone una recuperación del Estado pero con modificación del rumbo económico y una reforma institucional con mayor énfasis en términos de favorecer un capitalismo más productivo, generador de empleo con estrategias inclusivas en lo económíco-social, dando participación a la sociedad civil y construyendo una síntesis cultural regional. Esto sólo podría encararse en un Estado regional y no por cada país por sí sólo.

En términos institucionales la estrategia a) lleva a un Mercosur más débil, con acuerdos puntuales, predominio del capitalismo financiero global, y una fuerte competencia de los países del Mercosur entre sí por atraer capitales. Se trataría de una integración con un bajo nivel de institucionalidad, de opciones estratégicas nacionales diferenciadas. La estrategia b) presupone un Mercosur más fuerte, instituciones políticas supranacionales y replantea la relación regional-global en la transición de los Estados-nación hacia la sociedad global. El debate sobre lo regional es clave, lo mismo que el tema productivo. Tanto en la manera en que se vincula el Mercosur con el resto de las regiones o bloques, como con el modo en que se promueve el desarrollo de las regiones internas y el sector productivo o capitalismo "real", en un contexto de desarrollo desregulado para adentro pero de regulación para afuera.

iv) Cuarto, sobre el rumbo económico actual existen fuertes presiones cruzadas provenientes de la actual crisis, desde las demandas sectoriales múltiples de sociedades agotadas por la recesión, el desempleo y la falta de futuro, en términos de modificación del mismo pero sin alterar la estabilidad, y, por otra, del establishment y los organismos internacionales en el sentido de "profundizar el modelo", reducir el gasto y rechazar demandas. Estas dos fuerzas trabajan, en algunos países, sobre un sistema político en plena campaña electoral: la segunda, para mantener la competencia "dentro" de la agenda de seriedad fiscal, y los partidos, por "conectar" mínimamente con la voluntad de cambio de la sociedad y, a la vez, sin perder responsabilidad frente al establishment local e internacional o aumentar "el riesgo país". Se desenvuelve en un contexto de partidos más responsables (accountability, pero hacia afuera) y con propuestas que dicen poco a los ciudadanos a la vez que éstos se vuelven más escépticos sobre el futuro. No obstante, a pesar de este cuadro las oportunidades de redefinición existen, y en ese sentido una de las claves de esta coyuntura de fin de siglo tal vez sea la voluntad política. Porque si bien todos estamos afectados por la visión minimalista y escéptica de la política que nos han dejado el proyecto neoconservador y la crisis de la modernidad, y por el temor internalizado a todo otro diagnóstico que no sea el del "único camino", el remedio al neoliberalismo y la fórmula para sacar a nuestros países del atraso y consolidar la democracia es político y cultural. Por eso el desafío que se enfrenta no es pequeño ni simple, porque en realidad, en este tránsito de los Estados-nación a la sociedad global estamos frente al riesgo de constituir países sin destino o naciones sin futuro. Se trata nada menos que de construir sociedades con futuro, y en esta tarea el rol de los parlamentarios latinoamericanos no es menor.