La educación de los niños en los países pobres

La educación de los niños en los países pobres

La educación de los niños en los países pobres*
Eva Jenkner y Arye L. Hillman**

* Este documento de trabajo fue publicado originalmente por el Fondo Monetario Internacional y ha sido incluido en la corriente edición de la Revista Internacional de Presupuesto Público con permiso concedido por la institución. El FMI lanzó la serie Temas económicos en 1996 para que las conclusiones del personal de investigación del FMI fueran accesibles a la opinión pública. La misma consiste en una serie de monografías breves no técnicas sobre temas de actualidad escritos para el lector no especializado. Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de los autores y no representan necesariamente las del FMI.
** Eva Jenkner es Economista en el Departamento Hemisferio Occidental del FMI, es Bachelor of Arts de la Universidad de Cambridge y un Master's en Asuntos Públicos de la Escuela Woodrow Wilson de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad Princeton. Arye L. Hillman preside la cátedra William Gittes en la Universidad Bar-Ilan de Israel, donde es profesor de Economía. En 1995, compartió el Premio de Economía Max Planck por sus aportes a la economía política. Es editor en la European Journal of Political Economy y tiene un doctorado en Economía de la Universidad de Pennsylvania.

Punto siguiente

 

2. La educación de los niños en los países pobres

En un mundo ideal, la educación primaria sería universal y financiada públicamente, y todos los niños podrían ir a la escuela más allá de la posibilidad o la voluntad de pagar de los padres. La razón es simple: cuando algún niño no adquiere los conocimientos básicos para actuar como un miembro productivo y responsable de la sociedad, la sociedad en su conjunto -sin hablar del niño individual- pierde. El costo de educar niños es ampliamente superado por el costo de no educarlos. Los adultos que carecen de los conocimientos básicos tienen mayores dificultades para encontrar empleos bien pagos y para escapar de la pobreza. La educación para las niñas tiene beneficios sociales especialmente sorprendentes: los ingresos son más altos y las tasas de mortalidad materna e infantil son más bajas en el caso de las mujeres educadas, quienes también tienen más libertad personal para realizar elecciones.

Pese a los avances considerables en las últimas dos décadas la asistencia a la escuela en los países más pobres del mundo no es universal en absoluto. Según el Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas, a fines de 2003, alrededor de 113 millones de niños en el mundo no estaban inscritos en la escuela.

Teniendo en cuenta que la educación es un derecho reconocido y considerando los beneficios para la sociedad cuando los niños son educados, el estado debería soportar el costo, especialmente en el caso de los niños pobres. La administración pública puede no disponer de los recursos necesarios para ofrecer una educación gratuita para todos, ya sea porque existe una gran economía en la sombra que no paga impuestos y la base tributaria es pequeña, o porque la administración y la recaudación fiscales son ineficaces. Y, en muchos países (con frecuencia los mismos), el estado no maneja bien los recursos que tiene. Los fondos se administran mal y la falta de eficiencia o directamente la corrupción pueden impedir que los recursos lleguen a las escuelas. La voluntad política de dar una educación universal también puede estar ausente en las sociedades no democráticas, si las elites gobernantes temen que una población educada esté en mejores condiciones de cuestionarlas. Si bien corregir estas deficiencias es obviamente una prioridad, llevará tiempo. ¿Qué se puede hacer mientras tanto para garantizar que los niños pobres de los países pobres reciban una educación?

Un estudio reciente del Banco Mundial reveló que los pagos de los padres por la educación elemental eran comunes en 77 de los 79 países estudiados. Los pagos del usuario pueden adquirir distintas formas. Los aranceles escolares pueden cubrir los sueldos de administradores y profesores, materiales como lápices y manuales y el mantenimiento de la escuela. O los padres pueden hacer pagos en especie, por ejemplo, aportando comida para los profesores, asistiendo en el aula o colaborando con su trabajo para la construcción o el mantenimiento de escuelas. Es importante analizar el efecto de estos pagos del usuario en la educación en los países pobres antes de decidir si cabe continuarlos, reformarlos o prohibirlos.


Punto siguiente